“NO SE APURE MIJA, DESPACITO”

La historia de María, Laura y José María

En el kilómetro 214 de la ruta 8, en el paraje Tapes, María Trinidad con 75 años vive allí desde sus cuatro años de edad. A pesar de sus largos años, María trabaja toda la jornada, arrancando muy temprano con el ordeñe. Labor que realiza codo a codo con su hija Laura. Cuando llegó el equipo de Tecnovial para conocer la historia de esta familia. María, Laura y su hijo José se encontraban arreando ganado, con la ayuda de 3 perros a su alrededor. Este era un día más, como tantos otros, donde la familia comandada por esta sabia mujer desarrollaba las tareas diarias.

María recuerda con mucha emoción los años en los que el trabajo en el campo lo realizaba con su padre: “con mi padre trabajaba mucho, pero era lindo trabajar con él”. Con los ojos entre lágrimas María cuenta que mientras bañaban a los animales, él le decía “no se apure mija, despacito”. A pesar de ser un trabajo sacrificado, su padre era muy cuidadoso, enseñanza que le dejó a María hasta el día de hoy.

Durante toda la charla, el recuerdo de su padre se colaba en el relato. La huella que dejó en ella y en la forma de trabajar el campo, es emocionante para quien la escucha. La forma que aprendió María fue con el amor de un padre enseñando a una hija, y con el amor a una tierra que mantenía a la familia en el diario vivir.

María cuenta que a su hija Laura, “el campo le encanta”, el problema es que “ahora el campo no da como antes”. Mi padre siempre nos decía si ustedes tienen capital y sale un campo para vender, si tienen para echarle, el campo se paga solo”. Pero “¿ahora de qué forma?” se pregunta María.

María que busca dejar el legado a sus nietos, cuenta que a cada nieto que nació le regaló una vaca. De hecho, uno de sus nietos de apenas 8 años, José María, contó que lo que más le gusta es trabajar con vacas.

Laura si bien ama el campo, también trabaja en una escuela por lo que su jornada se hace muy extensa para atender las 143 hectáreas junto con su madre y a la vez cumplir el horario laboral en una institución educativa. Tanto para María como para Laura, su lugar es el campo.

“Nunca me gustaría irme del campo. El campo para mi es sagrado”, y así se despide Laura de la larga charla mantenida, abrazada a su hijo José María.

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